lunes, 11 de junio de 2012

Huertos urbanos

PROLIFERAN LOS HUERTOS URBANOS EN ESPAÑA

La situación económica del país ha llevado a replantearse el modelo económico en el que vivimos a muchas personas.
Algunas de ellas se han organizado para cultivar huertos compartidos como una forma de cooperación y de corresponsabilidad con su entorno.


"Veo esencial que existan espacios abiertos a los ciudadanos en los que haya actividades y las personas se reúnan, porque una parte de la crisis es también social", nos cuenta uno de los impulsores del huerto urbano El Caminito, en el céntrico barrio de Fuente Olletas de la sureña ciudad de Málaga, que pidió ser citado solo por su nombre: Jorge.

El Caminito ocupa desde mediados de 2011 un solar baldío cedido temporalmente por el ayuntamiento malagueño. Tras acondicionarlo, plantaron árboles y sembraron verduras y legumbras, como tomates, garbanzos, maíz, aguacate y brócoli, en una parcela de unos 100 metros cuadrados.

"La crisis en la que estamos inmersos lleva a un cambio de paradigma. Los huertos urbanos tienen relación con la quiebra del sistema económico y los movimientos sociales tradicionales", dijo José Luis Fernández, responsable de huertos de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid, con 260 organizaciones.

España es uno de los países de la Unión Europea más castigados por la crisis financiera que estalló a nivel global en 2008, lo que ha llevado al gobierno derechista de Mariano Rajoy a imponer fuertes recortes económicos que tocan fundamentos del estado del bienestar, a fin de bajar el déficit fiscal en más de tres puntos este año, respecto de 2011.

Un dato ejemplifica la situación social actual, en un país con [un ]24 por ciento de su población activa desempleada. Andrés Conde, director de programas del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) recordó este viernes 8 que [el] 26 por ciento de los niños españoles están en el umbral de la pobreza, una situación solo similar en Europa a Bulgaria y Rumania.

Hace unos seis años comenzó a hablarse de los huertos urbanos, peo fue durante los dos últimos años cuando se produjo su auge. Solo en la comunidad (región) de Madrid superan la veintena, gestionados por asociaciones de vecinos, universidades, grupos ecologistas y el ayuntamiento de la capital española.

Muchas asambleas de barrio derivadas del Movimiento 15M, que reivindica desde el 15 de mayo de 2011 una democracia más participativa, están vinculándose con asociaciones de vecinos para multiplicar estas iniciativas.

"Lo fundamental es que tenemos autonomía para gestionar el huerto. Es pura democracia participativa", subrayó Jorge. Unas 15 personas que rondan la treintena de años participan directamente de los trabajos y asambleas de El Caminito, pero hay más vinculadas, entre ellas niños y adultos mayores.

Fernández contó que se trabaja en la regularización de los huertos comunitarios, ya que [el] 85 por ciento de ellos no cumple la ley. Se trata de ocupaciones, normalmente de espacios públicos en desuso o bien "cesiones temporales en precario, muy endebles".

El activista abogó porque las instituciones organicen un marco jurídico para estos huertos y que los planificadores urbanos los tengan en cuenta en igual forma que las zonas verdes u otros espacios citadinos.

"Los huertos urbanos no solo recuperan un espacio en desuso, sino que también son lugares de encuentro, centros sociales al aire libre que promueven valores", destacó.

En su opinión, los ayuntamientos no se oponen a los huertos comunitarios, pero "falta voluntad política" y "tienen miedo" de que se consolide el movimiento ciudadano en torno a ellos. "Los huertos urbanos comunitarios son espacios intergeneracionales polivalentes y su marca de identidad es el protagonismo ciudadano", subrayó Fernández.

Como ejemplo puso el huerto comunitario Adelfas, en un barrio de Madrid, es un espacio de encuentro para nuevos vecinos, dinamiza las asociaciones que ya existen en los centros escolares cercanos e integra a un local próximo para ancianos.

También brinda la posibilidad de aprender horticultura. El cultivo de una parcela ayuda a pensar y debatir sobre problemas complejos como el sobredimensionamiento de las ciudades, el monopolio de las empresas distribuidoras de alimentos y los transgénicos. De hecho, vinculadas a los huertos, nacen en los barrios cooperativas y grupos de consumo autogestionarios.

"Si no tienes relación manual con las plantas no valoras la actividad agrícola", dijo Fernández al detallar los beneficios de estos huertos. Añadió que paisajistas, ingenieros agrónomos y otros técnicos, que engrosan los más de cinco millones de desempleados que hay en España, encuentran en ellos un lugar en el que poner sus conocimientos al servicio de una propuesta colectiva.

Jorge acotó que los huertos comunitarios permiten crear redes de amistad con personas afines y ampliar la vida social en un momento en el que la "la gente está adormecida".

En Adelfas, hay asambleas mensuales, jornadas de trabajo colectivo y de "huertas abiertas", además de comisiones de mantenimiento, talleres y charlas. Cada huerto se organiza autonómamente, pero todos son gestionados de manera participativa, forman comunidades en torno a ellos y contribuyen a elevar la autoestima y a formar redes de ayuda mutua. "La forma de vida que llevamos impide el contacto con nuestros vecinos y la naturaleza", lamenta una de las organizadoras de un huerto comunitario en la provincia de Málaga, Victoria Barceló. Aseguró que encontró en la iniciativa un "sentido de convivencia" y una puerta a una mayor preocupación por su salud y por su alimentación.

"Los huertos urbanos demuestran que son posibles a nivel local otras prácticas alternativas a las políticas actuales", comentó Esther Vivas, del Centro de Estudios sobre movimientos sociales de la Universitat Pompeu Fabra, en la nororiental ciudad de Barcelona. La socióloga apunta que los huertos aportan soluciones concretas, como el autoabastecimiento, a problemas específicos, y suman un componente formativo.

"Hay que quitar todas esas hierbas. Aquí hay mucho trabajo por hacer", detalló a IPS el malagueño Rafael Gálvez, de 76 años, mientras caminaba con dificultad apoyado en un bastón junto a su perra. Gálvez trabajó muchos años en el campo y ahora solo una valla de metal separa el huerto El Caminito del maltrecho habitáculo donde sobrevive, porque su pensión no le alcanza para pagar un alquiler.





martes, 5 de junio de 2012

Bienvenida

Este paisaje está enfrente de mi casa, en el barrio de la Rotxapea, en Pamplona/Iruña, en Navarra.



Es lo que veo cada mañana cuando me levanto y subo las persianas. Y cuando raras veces el tiempo acompaña es casi mi última vista antes de dormirme, porque me gusta despedir el día asomado un rato a mi balcón.

Este paisaje podríamos denominarlo como una versión del segundo milenio de lo que en el siglo pasado llamábamos una campa. Pero también, a mi modo de entender, esta vista es una metáfora del tiempo que estamos viviendo.

La campa tiene escasos retazos del pasado más lejano de esta tierra: árboles y arbustos, algo de fauna... Desde que hace unos meses un obrero valló su perímetro para que los vehículos no pudieran aparcar en ella, la Naturaleza se ha abierto paso exponencialmente. A ello también han ayudado las abundantes lluvias primaverales y el calor de estos últimos días.

También asoman por sus costurones reflejos de un tiempo pretérito no tan remoto, de cuando en mi barrio se abrían por doquier este tipo de espacios en convivencia con bloques de viviendas, casas de labor, huertas y fábricas en funcionamiento o abandonadas. Lugares donde los habitantes del barrio departíamos a falta de otros lugares más "urbanizados". Lugares donde los niños jugábamos, donde ardían las hogueras de San Juan, donde la gente cogía caracoles o flores...

Y, por supuesto, la campa tiene huellas de nuestro pasado más reciente. En una de sus esquinas un cartel recuerda que algún día sobre ella se construirán viviendas. Decenas de ellas. Tantas como el bloque que le cierra el frente. Pero llegó la crisis y el proyecto quedó en suspenso, levitando, en espera de tiempos más propicios.

Así que esta campa también nos habla del presente. De este presente convulso e incierto en el que debemos entre todos construir un futuro aún por escribir.

Porque aunque los planes fallaron, aunque quizá pasen lustros hasta que veamos la campa convertida en otro bloque de viviendas más, la vida sigue fluyendo en ella, a pesar de las vallas que en su día instalaron y que no solo cerraron el libre acceso de los vehículos.

En este blog pretendo narrar su historia, pasada y presente. A partir de hoy y hasta que consigamos un futuro mejor para ella. Haceros partícipes de este lugar extraño, singular, inacabado...